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jueves, 11 de mayo de 2017

COMANCHERÍA

(Hell or High Water - 2016)

Director: David Mackenzie
Guión: Taylor Sheridan


Intérpretes:
- Chris Pine: Toby Howard
- Ben Foster: Tanner Howard
- Jeff Bridges: Marcus Hamilton
- Gil Birmingham: Alberto Parker
- Katy Mixon: Jenny Ann
- Dale Dickey: Elsie
- Marin Ireland: Debbie Howard
- Kevin Rankin: Billy Rayburn

Música: Nick Cave y Warren Ellis 
Productora: CBS Films / Sidney Kimmel Entertainment / Oddlot Entertainment / Film 44 / LBI Entertainment / Oddlot Entertainment production
País: Estados Unidos

Por: Xavi J. Prunera. Nota: 9,00

“He sido pobre toda la vida. También mis padres. Y mis abuelos. Es como una epidemia que se transmite de generación en generación hasta que se convierte en un epidemia" (Toby a Marcus)


SINOPSIS: Toby y Tanner Howard son dos hermanos (un padre divorciado y un expresidiario) que —tras la muerte de su madre— se dedican a atracar pequeñas sucursales bancarias del oeste de Texas con objeto de poder conseguir el dinero necesario para salvar del embargo su rancho familiar. Marcus Hamilton y Alberto Parker serán los rangers de Texas encargados de perseguirles y arrestarles. Una misión que, sin embargo, no les va a resultar nada fácil.

Llevaba tiempo con ganas de reseñar un neowestern. Ya sabéis: esos films que no se desarrollan dentro de los límites cronológicos habituales del género pero que guardan —respecto a éste— multitud de elementos temáticos y/o iconográficos que nos remiten, irremisiblemente, al viejo cine del oeste. Me estoy refiriendo a pelis como “Lone Star” (1996), “Los tres entierros de Melquíades Estrada” (2005), “No es país para viejos” (2007) o, como no, a “Comanchería” (2016).

Personalmente, creo que este es el camino que debería seguir el western contemporáneo. Y no porque actualmente no se puedan rodar westerns a la antigua usanza (“Deuda de honor” (2014), “Los odiosos ocho” (2015), o “Bone Tomahawk” (2015) así nos lo constatan) sino porque creo, sinceramente, que el neowestern se adapta mucho mejor a los nuevos tiempos. Básicamente porque aunque no se trata de ninguna moda o novedad (“Conspiración de silencio” (1955), “Vidas rebeldes” (1961), “Los valientes andan solos” (1962), “Hud” (1963) o “Quiero la cabeza de Alfredo García” (1974) ya fueron auténticos neowesterns en su época) de lo que no me cabe ninguna duda es que —como mínimo— el neowestern actual no tiene por qué cargar con esa pesada losa denominada comparación. O peor aún: remake. Una terrible lastre que sí han debido cargar peliculones como “El tren de las 3:10” (2007), “True grit” (2010) o “El renacido” (2015) y que, por supuesto, ha jugado claramente en su contra.

Así pues… ¡Que vivan los neowesterns! Sobre todo si son tan buenos como “Comanchería”. Un film que cuenta con todos esos elementos temáticos e iconográficos de los que hablábamos anteriormente y que, al mismo tiempo, se convierte en un fiel reflejo de la actual América de Trump. Una América profunda devastada por la crisis financiera, por la especulación salvaje… por la Gran Recesión, vaya. Y es precisamente en este contexto de pobreza, de decadencia white trash, en el que se mueven Toby (Chris Pine) y Tanner (Ben Foster), nuestros protagonistas. Dos hermanos muy distintos (Toby es un padre divorciado y Tanner, un expresidiario) que deciden unirse para hacer frente común a la inminente pérdida de su rancho familiar. Y lo harán de la única manera que saben o pueden hacerlo: atracando bancos. Pequeñas sucursales, eso sí, de pueblos perdidos en medio de la nada donde dar un golpe es tan fácil como hacerlo en una gasolinera, en una farmacia o en una licorería.

Nuestros outlaws, sin embargo, también tendrán sus pertinentes antagonistas o perseguidores. Y si poco nos ha costado empatizar con Toby y Tanner Howard, aún menos nos costará hacerlo con los dos rangers de Texas que les siguen el rastro: Marcus Hamilton (Jeff Bridges) y Alberto Parker (Gil Birmingham). O lo que es lo mismo, un veterano policía a punto de jubilarse y un agente mitad indio/mitad mexicano entre los que existe, por cierto, una relación muy parecida a la de los dos hermanos Howard: por un lado son muy distintos y no dejan de burlarse e insultarse entre ellos a todas horas pero, por otro, se tienen un grandísimo afecto. Y éste es, precisamente, uno de los grandes atractivos de “Comanchería”. Su entrañable cuarteto protagonista. No solamente por lo bien que ha definido Taylor Sheridan, el guionista, a estos cuatro personajes sino porque —como resulta obvio— no estamos ante una historia de buenos y malos sino ante una historia de personas que sobreviven como pueden y que, por circunstancias, se hallan a ambos lados de la ley.

Pero… ¿A qué debemos el título de la peli? ¿Qué tiene que ver el término “Comanchería” en todo esto? Vayamos por partes. En primer lugar “Comanchería” se refiere, obviamente, al Territorio Comanche. Al noroeste de Nuevo Mexico, Oeste de Texas, Sudeste de Colorado y Kansas y todo Oklahoma. Al territorio donde se desarrolla la acción, vaya. Pero no solo eso. Hay una escena en la que Tanner se juega parte del dinero que ha robado en un casino y tiene un conato de enfrentamiento con un indio que también está jugando. Si me lo permitís, os adjunto el diálogo. Básicamente porque nos ayudará a entender mejor como encaja el título español (“Comanchería”) en toda esta historia. Recordad, por otro lado, que el título original (“Hell or High Water”) es una frase hecha que viene a significar algo así como “Cueste lo que cueste”.

Tanner: “¿Eres comanche? ¡Señores de las llanuras!”
Comanche: “Señores de la nada ahora ¿Sabes qué significa comanche? Significa enemigos para siempre”
Tanner: “¿Enemigos de quién?”
Comanche: “De todos”
Tanner: “¿Sabes en qué me convierte eso?”
Comanche: “En un enemigo”
Tanner: “No. Me convierte en comanche”

“Comanchería” también tiene, por lo tanto, esa pertinente dosis de épica que suele tener cualquier western que se precie. Y si hay una secuencia que lo constata fehacientemente, ésa es la escena en la que —tras el último atraco— Tanner deja a su hermano a salvo en las afueras del pueblo y arrastra a todos sus perseguidores hacia esa pequeña colina desde donde abate uno por uno a cuatro hombres y desde donde solo le cabe esperar a que lo maten. Quien no logre emocionarse ante ese noble gesto, ante esa conmovedora despedida y ante todo lo que viene a continuación es que —sin lugar a dudas— tiene un grave problema.

Pero si hay una escena que me gusta especialmente esa es, como no, la última. En la que se enfrentan Tanner y Marcus cara a cara y ponen las cartas boca arriba merced a un duelo dialéctico muy pero que muy bueno. Obviamente, no voy a comentar esa escena más allá de lo estrictamente necesario porque no quiero desvelar spoilers pero sí diré que me parece una de las mejores escenas del cine contemporáneo, que Bridges y Pine están soberbios y que esa secuencia —en cualquier caso— constituye la mejor forma de concluir una peli excepcional.

No quisiera finalizar esta reseña, sin embargo, dejando de lado dos aspectos que contribuyen a otorgarle a “Comanchería” una atmósfera muy especial. Me estoy refiriendo a la cálida fotografía de Giles Nuttgens (con algunos planos que parecen verdaderos cuadros) y a la tremenda banda sonora compuesta por Nick Cave y Warren Ellis. Una combinación sencillamente magistral.


lunes, 14 de diciembre de 2015

EL ASESINATO DE JESSE JAMES POR EL COBARDE ROBERT FORD

(The assassination of Jesse James by the coward Robert Ford) - 2007


Director: Andrew Dominik
Guión: Andrew Dominik (basado en la novela de Ron Hansen)

Intérpretes:
- Brad Pitt: Jesse James
- Mary-Louise Parker: Zee James
- Brooklynn Proulx: Mary James
- Casey Affleck: Robert Ford
- Sam Rockwell: Charlie Ford
- Jeremy Renner: Wood Hite
- Sam Shepard: Frank James

Música: Nick Cave, Warren Ellis
Productora: Warner Bros Pictures
País: Estados Unidos


Por: Xavi J. Prunera. Nota: 7,5

Jesse James: "No lo entiendo... ¿Quieres ser como yo... o quieres ser yo?"

Cualquier cinéfilo que se precie sabe -o debería saber- que no existen en la historia del cine demasiados westerns que puedan sostenerle la mirada a “El hombre que mató a Liberty Valance”. Un western que marcó un antes y un después en la historia del género y que supo condensar a la perfección ese espíritu mítico o legendario que suelen destilar casi todas las pelis que transcurren en el viejo y lejano oeste americano.



Quizás por eso mismo estimo muy loable la valentía y la honestidad con la que Dominik ha decidido abordar una peli con un contingente épico tan parejo. Las estimo muy loables porque no debe resultar nada fácil, en los tiempos que corren, apelar tanto a la épica como a la poética prescindiendo de cualquier tipo de mecanismo conmovedor o maniqueo. Y eso es, precisamente, lo que consigue Dominik. Enhebrar -no sin ciertas dificultades, eso sí- una historia en la que no hay ni buenos ni malos y en la que dos temperamentos diametralmente opuestos (el del excéntrico Jesse James y el del pusilánime Robert Ford) se ven superados por sus propias circunstancias. El primero por el peso de su propia leyenda y el segundo, por la vergüenza y el oprobio de ser considerado hasta el fin de sus días el cobarde, traidor y mezquino tipejo que mató a Jesse James. Posiblemente, el forajido más popular del viejo y lejano oeste americano.



Y si bien es cierto que “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford” puede resultar algo pretenciosa y amanerada desde un punto de vista formal, también es cierto -a mi juicio- que su tempo narrativo es el correcto, que las interpretaciones de Brad Pitt y Casey Affleck son memorables, que la música de Nick Cave enriquece todos y cada uno de los planos en los que la escuchamos y que, en términos generales, la peli de Dominik deja traslucir algunos detalles que me recuerdan muy mucho a Ford, Peckinpah o Leone. Y tratándose de un western… ¿a alguien se le ocurre un halago mejor?



(Reseña publicada por Xavi J. Prunera en FilmAffinity el 14-04-10)

TRAILER